Ayer Layla hizo 8 años con nosotros en Deportae.

Todavía recuerdo el día que llego de prácticas a una oficina en la que apenas cabían dos mesas. De hecho a la siguiente semana tuvimos que mudarnos porque no cabíamos. Era una niña y nosotros unos niños tres o cuatro años mayores. Quien iba a decir que ocho años después seguiríamos aquí.

8 años en los que nos ha pasado de todo: hemos crecido, nos hemos reído, hemos realizado trabajos increíbles, hemos comprado oficinas y hemos logrado grandes cosas, pero también: nos han robado, nos han engañado, nos han dejado dinero sin pagar, hemos perdido “amigos”, nos han montado empresas competencia nuestros propios trabajadores y muchas cosas más que fliparíais si os contara.

Al final el tiempo pone a todo el mundo en su sitio y Layla es el mejor ejemplo de ello.

Muchas veces la gente me dice que no hay que cogerle cariño a los trabajadores, porque al final, ellos solo pensarán en si mismos y seguro que en gran parte tendrán razón, pero yo no veo a Layla como una trabajadora, ella forma parte de mi familia y ya sea en Deportae o en cualquier proyecto que tenga, si ella quiere, estará conmigo.

Layla ha crecido exponencialmente, es de esas pocas personas de las que uno se puede fiar, confiar, delegar y exigir. No ha sido fácil para ella, desde luego que no, pero lo ha conseguido.

Estoy muy muy orgulloso de ella y muy agradecido por seguir a mi lado todo este tiempo. Si hay algo que yo valoro más que el rendimiento, la calidad y el compromiso, es la lealtad. Y ella es leal como pocas.

Puede que algún día ella decida emprender su vida profesional por otro camino, quizás decida crear su propio proyecto o seguir construyendo con nosotros, sea como sea, siempre tendrá mi puerta abierta y mi corazón agradecido por todo lo que hemos hecho juntos.

¡Seguimos creciendo Layla!