Empuja deliberadamente, enfocado, generoso y confiado, pero empuja.

Este es el mensaje que repito una y otra vez a los participantes del 1-12-6 y PUSHCAMP.

Las personas, los profesionales, las empresas que hemos empezado de cero, tenemos la cultura de empujar grabada a fuego en nuestro ADN.

Empujamos cuando nos rechazan las llamadas de ventas. Empujamos fuerte para ganar una pequeña cuota de mercado. Empujamos para fichar a los mejores profesionales. Empujamos para poder pagar las nóminas al final de mes y empujamos aún más para levantarnos cada día con energía.

Así se aprende a empujar. De hecho, es posible que a veces lo hagas en exceso. Esto ocurre porque “empujar” es gran parte de lo que tú y tu equipo sois.

Si tu trabajo es increíble y si realizas el trabajo importante, te abres paso, consigues tu hueco. Si eres muy bueno, empiezas a correr como un loco, despegas. Tienes el viento a favor y la posibilidad de aumentar tu impacto y contribuir de mejor y mayor forma. Pero no puedes despistarte, debes seguir empujando. Porque eso es lo que sabes hacer, porque eso es lo que te (me, nos) ha llevado a donde estás.

 Esto no es fácil. Nadie dijo que lo fuera.