Voy a contarte algo íntimo. Quizás un poco raro - como yo - también. Estoy obsesionado con la última vez. Este es el motivo por el que no trabajo para todo el mundo y por el que soy asquerosamente egoísta con mi tiempo.

Cada vez que me despido de mis niños, vayan al cole, a casa de los abuelos o a comprar algo, les digo que les quiero y les doy un beso. Da igual la prisa que tenga o lo que esté haciendo. Lo hago, por si es la última vez que les veo.

Si me enfado con alguien, trato de zanjar el tema cuanto antes. Por si es la última vez que puedo hacerlo.

Cada vez que tengo la oportunidad de vivir una experiencia, la realizo sin pensar. Por si es la última vez que puedo realizarla.

Sé que suena extremo, pero me gusta ser así. Siempre he preferido perder a no intentar y pedir perdón a permiso.

Además, creo que esta forma de vivir también te puede funcionar a ti:

Ésta podría ser la última vez que me veas en una conferencia.

Quizás, hoy sea la última vez que puedas decirle te quiero o perdón a alguien.

Tal vez, este año sea el último que puedas realizar una media maratón.

Puede que éste sea mi último post del blog (poco probable, pero posible).

Quizás, ésta edición sea la última que haga de PUSHCAMP, y si no vienes, no tendrás más oportunidades.

Puede, que ya no haga nunca más el 1-12-6, y hayas perdido la oportunidad de venir.

Hoy en día existen tantas opciones para elegir, qué creemos que viviremos para siempre y que en otro momento tendremos otra oportunidad. Pero es posible, qué digo, muy posible, que no vuelvas a tener otra oportunidad y que debas entender que si dejas escapar ésta, tengas que asumir la pérdida.

Me encanta contar en cada conferencia y en cada post todo lo que pasa por mi mente, todo lo que me gusta y capta mi atención, porque podría ser la última oportunidad que tenga de hacerlo.

Todavía recuerdo el último te quiero de mi madre, el Ironman que realicé, la última vez que le escribí un poema a mi Alejandra, el discurso de mi boda, el primer viaje a Londres con Lore, el último abrazo de mi Gonzalo, la última conversación con mi padre, la barbacoa en casa de mi hermana y como no, las mil y una barbaridades que he hecho con mis amigos.

Y tú, si sabes que mañana es tu última oportunidad, ¿qué harías diferente?