La actitud es la elección más importante que cualquiera de nosotros puede hacer.

Podemos tenerla hoy cuando todo va bien, mañana cuando vaya mal, la elegiste hace un mes y podrás elegirla el próximo año.

La elección de participar, trabajar y cooperar.

La actitud de pensar que irá bien. La elección de ser optimista.

Elegir no rendirte cuando las cosas se ponen feas.

Tratar de sacar lo mejor de otras personas y por supuesto de ti mismo.

Tomar la decisión de investigar, de ser curioso, de desafiar el status quo.

Por supuesto todas estas elecciones son actitudes. ¿Qué más podrían ser?

Y por supuesto, son una elección. Nadie hace estas cosas por ti. Las elegimos y hacemos el trabajo (y en consecuencia obtenemos los beneficios que vienen adheridos a ellas).

Es tu elección

Los buenos hábitos son una elección.

Dar más de lo esperado es una elección.

Las malas reacciones son una elección.

Tener ideas es una elección.

Establecer conexiones es una elección.

Recoger a tus niños del cole, es una elección.

Tu reputación es una elección.

Tu trabajo es una elección.

Las palabras que dices a los demás son una elección.

Liderar es una elección

Nadie puede ser responsable de dónde o cómo empieza. Nadie tiene la libertad de hacer nada o todo, y por supuesto todas las elecciones tienen consecuencias.

Sin embargo, lo que decidimos hacer a continuación, cómo invertir nuestros recursos, atención o esfuerzo, es lo que nos define como profesionales y aún más importante: como personas.