La mentira del éxito

ÉXITO. Menuda palabra.

¿Te has parado a pensar qué es el éxito? Cuando la gente habla de éxito, suele asociarlo a palabras como: dinero, despacho grande, deportivos, trajes de chaqueta, fama..

En cambio, para mi no tiene nada que ver. Yo no compré esa idea que trata de vendernos la televisión y Hollywood. Para mi el éxito (si se le puede llamar así) es otro. Me da igual cuanto ganas, prefiero saber cómo vives. Me da igual que trabajo tengas, me importa si estás haciendo algo que te apasiona. Me da igual tu coche, valoro mucho tu libertad de decisión. Me da igual que seas famoso, me importa qué puedes enseñarnos. Me importa realmente poco tu despacho, quiero saber si eres algo más que eso. Me importan muy pero que muy poco tus viajes a Resorts de cinco estrellas, me importa si estás cumplimiento tus sueños. Espero haberme explicado.

Lo cierto es que el éxito en si no es nada. Al fin y al cabo es una sencilla palabra que utilizamos para definir en qué momento hemos cumplido un objetivo. Es una métrica. Una herramienta que utilizamos para definir cuando creemos que hemos llegado. Para muchas personas el éxito/métrica estará en una cifra concreta de € en el banco. Ir a unos Juegos Olímpicos. Llegar al puesto “X” en tu empresa. Quizás salir en televisión o que te reconozcan por la calle. Para otros estará en formar una familia, vivir sin horarios, no dar explicaciones a nadie o dar la vuelta al mundo a pie.

Tú defines tu éxito. No tienes por que creerte la mentira del éxito. Tú decides qué es lo que quieres conseguir, trazas un plan y sales a por ello. El problema viene en el preciso instante en el que valoras si eres una persona exitosa sencillamente porque los demás lo crean. ¡Ahí estás perdido! Acabas de dejar todo el poder de tu vida en manos de otra persona. Estás dando la oportunidad de que otros valoren si estás o no haciendo las cosas bien en tu propia vida. Suena estúpido, porque lo es.

El principal problema es que nadie nos ha hablado nunca sobre esto. No hemos parado a reflexionar sobre cual es nuestro éxito. Y claro, cuando no sabes hacia dónde vas nunca estás seguro de si ya has llegado. En vez de mirar dentro de ti, empiezas a mirar fuera. A compararte. A luchar por cosas que otros quieren o tienen, pero que quizás a ti te dan exactamente igual. Es por ello que aceptamos trabajos que nos encierran 12 o 14 horas en un despacho, disfrutamos de solo 25 días de vacaciones al año, vemos la televisión para aliviar nuestra pena y nos abrimos perfiles en redes sociales para poner fotos enseñando morritos o pies en la playa. Perdemos la libertad por intentar conseguir un éxito de marca blanca, común.

No vengo hoy a contarte el discurso hippie. Si te paras a pensar y decides que quieres un BMW, un reloj de oro y un traje Armani. Si defines que ese es tu éxito, genial. Te animo que vayas a por ello con todo tu arrojo. Lo único que quiero alcanzar con este post es que por lo menos te pares a reflexionar sobre si estás luchando por tus sueños o estás comprando el de los demás. Ha llegado el momento de Iniciar tu Revolución.

Sea como sea y decidas lo que decidas, trata de despreocuparte por el objetivo final. Una de las mejores claves para vivir una vida que merezca la pena es poner el foco en el viaje y no en el destino. El camino es el que nos aporta la realización personal. El objetivo, como te he dicho antes, es una métrica que iremos desplazando según avancemos. En el viaje es donde hacemos amigos, formamos parte de una familia, ayudamos, aportamos valor y creamos cosas mucho más grandes que nosotros mismo. ¡Qué mejor definición de una vida exitosa! 😉

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Hasta aquí el post de hoy. Espero haberte pinchado un poco en el culo y haberte hecho pensar. Estoy volviendo de La Coruña, de pasar dos días trabajando en un nuevo proyecto que empezará en Julio. ¡Vivimos tiempos increíbles!