Confianza y fascinación 

Es maravilloso cuando alguien siente fascinación por tu marca, tu restaurante o tu proyecto. Pero para llegar al “amor” o la “fascinación” primero hay que conseguir la confianza.

Al fin y al cabo, todos los profesionales y empresas, vendemos eso: confianza.

Cuando compras un coche, además de que sea bonito y te enamore, necesitas saber que es seguro. Que merece tu confianza. Nunca lo comprarías, por mucho que te guste, si sabes que se puede romper en una semana o que no te protegerá en caso de accidente. Las marcas necesitan ganarse nuestra confianza y por ello utilizan en sus anuncios a personas que admiras, para que los asocies con su producto.

Si tú producto o servicio no es capaz de conseguir que yo confíe, mejor no te molestes en sacarlo a la venta.

Sin embargo, la confianza es insuficiente por sí misma. No hace que el corazón se acelere, NO te llevará a esperar una cola para tomar un café.

Confianza y fascinación

Tampoco te invitará a enviárselo y compartirlo con los amigos. No, esas cosas vienen de enamorarse, de la fascinación. El amor es el causante de conductas emocionales, precisamente porque el producto, servicio o marketing nos ha tocado en el corazón.

Sin confianza, no esperes amor, pero sin fascinación no esperes ventas.

En este mundo lleno de oferta, tenemos demasiadas opciones y demasiada información al alcance de la mano, para que me enamore de algo incompleto, incompetente o standard.

Si quieres competir ha llegado la hora de invertir en magia, en sorpresa, en emociones, en incomodidad. Es hora de arriesgarse y saltar al lado inseguro del juego. Ese lado donde podrías sufrir, pero también ganarlo todo.