La RAE define disrupción así:

1. f. Acción y efecto de interrumpir.


Cuando pensamos en una persona disruptiva o una empresa que ha incorporado la disrupción en sus procesos, tendemos a pensar en grandes cambios o increíbles logros. Grandes revoluciones, descubrimientos apasionantes o éxitos que la propia disrupción ha generado.

Lo que no valoramos es que la disrupción como todo en la vida tiene un proceso para ser alcanzada. La persona disruptiva nace, pero sobre todo se hace. Cambiar las cosas, buscar diferentes y raras maneras de conseguir algo o solucionar un problema, es un hábito imprescindible del empresario y trabajador de 2018. Obligado para intraemprendedores.

La cuestión es que sabemos que necesitamos innovar, pero no sabemos cómo hacerlo.

Al igual que ocurre con muchos emprendedores, nos centramos en la idea y pasamos por alto el método. Y es que las ideas pueden tener más o menos valor, pero la forma de ejecutarlas es imprescindible. El proceso, el método para hacer que las cosas funcionen, es sin duda alguna el 50% del trabajo.

DISRUPCIÓN

La disrupción normalmente aparece ante la frustración de no poder solucionar un problema. Ante la necesidad de querer crear algo que cambie lo existente. Puede ser espontánea pero la mayoría de veces requiere una decisión drástica de querer mejorar las cosas.

Por ejemplo: un chef de Estrella Michelín que cambia de menú cada 6 meses. No tiene necesidad de hacerlo, pero entiende que su proceso “artístico” requiere de una continua innovación. Es el propio inconformismo del profesional el que le obliga a la disrupción.

Imaginemos que tienes un producto que está bajando su rendimiento. Ejecutas una estrategia o acción de marketing que no termina de dar resultados. Consultas a todos los profesionales standard que te encuentras, todos esos que te dicen que pruebes una estrategia de vídeo marketing, que pruebes a hacer una acción de contenidos, o bien, que vayas a comidas empresariales para mejorar tu networking.

El caso es que nada de eso funciona porque son exactamente los mismos consejos que reciben el resto de profesionales cómo tú. Necesitas algo diferente, disruptivo, que rompa las reglas.

Entonces en lugar de centrarte en hacer descuentos o mejorar tu comunicación, decides encerrarte durante 3 días con tu equipo en un cuarto para destrozar tu producto y crearlo de nuevo. Diferente, mejor, con más valor desde el producto. Nada que ver con más bonito, sino más útil y diferente. Eso es disrupción.

Para cambiar las cosas hay que pensar de forma clara, y no ser cohibidos por el conocimiento y experiencias propias. Estar dispuestos a hacer lo que otros no harían porque es precisamente ahí, donde se obtienen resultados.

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