A menudo la gente confunde persuadir con convencer. Los profesionales del marketing no deberían cometer ese error.

Convencer a alguien significa hacer llegar a una persona a cierta conclusión usando argumentos lógicos.

La persuasión se basa en aspectos emocionales. Ya no se trata de demostrar científicamente una serie de hechos sino de intercambiar sensaciones con el interlocutor de tal forma que acabe sintiendo una emoción respecto a nuestra propuesta.

El marketing no debe buscar convencer.

Los ingenieros, los financieros, convencen. Los de marketing persuaden.  La persuasión apela a las emociones, al miedo, al amor y la imaginación.

Convencer requiere un Excel, una hoja de cálculo o algún otro dispositivo racional. Si tu estrategia pasa por dedicar mucho tiempo convenciendo a la gente, no es de extrañar que no esté funcionando.

El marketing debe persuadir, derribar tus creencias, pincharte tan fuerte en el culo para que saltes y nos des una oportunidad, diga lo que diga la razón.

Convencer es simple: dame datos, características, comparativas.

Persuadir es distinto, porque te lleva al lugar en el que no sabes qué hacer. Al instante en el que debes tomar decisiones con el corazón, sin recursos, sin la certeza de que vaya a funcionar, con riesgo, pasión y atrevimiento.

  • Convencer dice: sabes que soy de las mejores opciones.
  • Persuadir grita: me quieres.