Elige a tus clientes antes de crear el producto. Parece obvio, ¿no? Lo parece pero no lo es. La mayoría de las empresas con las que trabajó su estrategia de marketing no lo hacen. Eligen primero el producto o servicio, lo diseñan, lo hacen perfecto (para ellos) y luego se dan prisa en salir a venderlo. En el camino, piensan cómo vender eso que han creado a un determinado grupo de personas (la mayoría de veces sin éxito).

Cada grupo de clientes potenciales tiene una visión particular, un conjunto de problemas específicos, y obviamente un pequeño conjunto de soluciones. Cada tribu está dispuesta a pagar un precio, quiere escuchar una historia diferente, tiene una forma de hacer marketing y un tiempo para tomar la decisión.

Algunos ejemplos reales:

Una marca de ropa deportiva muy conocida, debe elegir si está enfocada en deportistas de competición o en personas que quieren adquirir el hábito de hacer deporte.

Una gran superficie de bricolaje, debe valorar si su cliente es la mujer o el hombre que decora su casa o bien los profesionales a los que le contratan este tipo de servicios.

El agente inmobiliario debe elegir qué tipo de comprador quiere antes de salir a hacerse un logo, alquilar una oficina o incluso conseguir su primera casa.

El instructor de yoga, el entrenador personal, la agencia de marketing o el desarrollador de la aplicaciones: en todos los casos, primero tienes que descubrir con quién quieres hacer negocios y luego hacerlo solo para ellos. Cuanto más específico mejor.