Cuando me reúno contigo o con tu empresa, compro tu producto, como en tu restaurante, leo tu blog, escucho tu conferencia o entro en tu tienda, siento la necesidad imperiosa de colocarte en una de mis categorías de marketing mentales.

Lo hago porque el coste mental de inventarme una nueva categoría para tí o cada cosa que me encuentro en mi día a día, es demasiado alto.

Hoy 23 de marzo de 2019, más que nunca, las personas, muchas personas, miles de personas anónimas, están viendo  lo que haces. Bueno, corrijo: lo que publicas que haces.

Una indefinida colección de extraños te categoriza, califica, clasifica y decide si tú o tu empresa, tiene éxito o no.

Por supuesto, puedes negarte a ser categorizado. Puedes gritar que es injusto que las personas te juzguen, que las categorías son demasiado restrictivas, que no te quieres encasillar y que tu empresa y producto son demasiado únicos para formar parte de una única categoría. Puedes hacerlo, pero adivina qué, serás categorizado de todos modos. Pero con el agravante de que como no participaste, serás mal categorizado, lo que es muchísimo peor.

Mi consejo no solicitado es que elijas en qué categoría quieres estar, porque es la mejor forma de poder acabar cerca de ella. Que te enfoques en la audiencia que te interesa, interactúes con las personas que te importan e ignores al resto. Al fin y al cabo, como siempre te digo: No trabajas para todo el mundo.

Tu categoría, tu elección.