Cuestión de actitud

Vivimos quizás en el mundo más competitivo de los que han existido hasta ahora. Diferenciarse ya no es un valor a tener en cuenta, es una necesidad, tanto a nivel personal como profesional. Cuando fui consciente de esto, pensé: ¿qué marca realmente la diferencia?, ser un gran profesional que entra a su hora y se va diez minutos después, se da por descontado. Conocimientos y experiencia ya no marcan la diferencia, ser detallista y creativo puede ser, pero tampoco.

Entonces ¡QUÉ!

Cuestión de actitud

La respuesta es la actitud.  Exito= (Conocimiento + Habilidad) x Actitud

La fórmula la escuché en una conferencia TED y me dejó entusiasmado. El conocimiento es clave, no sirve de nada tener toda la actitud del mundo pero no tener ni idea de que hacer. La habilidad también suma, porque la experiencia es importantísima, pero la clave de toda la fórmula es que el conocimiento y la habilidad suman pero la ACTITUD multiplica. Porque la diferencia hoy en día no está en competir por lo que sabes y has hecho, está en la actitud de vida que tienes, en cómo haces las cosas.

No eres un GRAN jefe porque sepas más que los demás, lo eres por como te comportas con tus compañeros. No eres un GRAN padre porque hayas tenido 10 hijos, lo eres porque juegas con ellos, porque los llevas de viaje, porque te disfrazas en halloween...

Pasamos la vida añadiendo conocimientos a nuestra base de datos, experiencias nuevas, pero ¿nos preocupamos de lo realmente importante?. Sinceramente YO muchísimas veces no.

Os voy a contar una historia:

Un día conocí a una persona, se llamaba Jesús (nombre ficticio), trabajaba en una cafetería de camarero. A todos los efectos era un trabajo bastante normal, de esos en los que no se marca la diferencia. Desde que crucé la puerta me fijé en él, era una persona feliz, brillaba. Daba los buenos días a todos los clientes, recogía las mesas con una sonrisa, preguntaba qué tal estaba todo. Parecía que el negocio era suyo.

Al cabo de unos días de visitar la cafetería le felicité y le pregunté el por qué de su actitud, y me respondió: Mi trabajo es hacer felices a las personas y soy feliz teniendo este trabajo, ya que suelo dar gracias por lo que tengo en vez de preocuparme por lo que no.

¡Qué lección de vida me dio en ese momento!

Si te digo la verdad no recuerdo el nombre de la cafetería, ni de si el café era especialmente bueno, pero te aseguro que de Jesús no podré olvidarme.

 

Por cierto si te gusta o si no, puedes compartirlo en las redes sociales:

¿Hablamos?    Facebook   Twitter